Cesárea: Lo que no te cuentan sobre el parto

Quiero compartir la experiencia que viví a la hora de traer al mundo a Baby Peter, pienso que quizás pueda ayudar a otras mamis y papis. Mi retoño nació el 28 de Enero, yo cumplía el 16 de ese mes pero mi chico (que es medio malagueño) no perdona el frío y dijo que saliera otro, porque él estaba ahí bien calentito y confortable. Así fueron sucediendo los días “ya cumplida” y las sesiones de monitores, que en mi caso eran un fastidio porque el hospital estaba muy lejos y maridito no podía acompañarme siempre. Además de lo poco motivador y agobiante que es cuando te dicen que no tienes contracciones y cuando te revisan suelten un “uhhh estás verde, pero verde”. Cada vez tenía más claro que si el embarazo había sido difícil, el parto iba a ser el broche final a conjunto. Por últimas, y casi suplicando que se pusiera ya punto y final al agotamiento y dolor, me programaron la inducción del parto para el viernes, dos días antes de mi semana 42. En mi cabeza ya iba barruntando la idea de que todo terminaría en cesárea, y es que yo no soy médico pero si estaba tan tan verde como decían, nada de dilatación, el cuello del útero sin borrar… pues me parecía lo más probable. Aunque como bien dicen, la esperanza es lo último que se pierde.

 

 

Con un bolso de maternidad lleno de ilusiones y preparado con demasiada optimista antelación, allí nos plantamos los dos, a las 8:00 am del viernes 27 en un día gris, frío y lluvioso. Me podía imaginar que iban a pasar horas duras (no tanto) pero la idea de que de allí saldríamos siendo tres me motivaba. Tal era mi estado de euforia y las ganas de poner fin aquella etapa (pinchando aquí podéis leer un poco sobre mi experiencia, no muy agradable, de estar embarazada) que esa noche pasada sólo dormí dos horas, sumadas a muchos días de dormir fatal por nervios, dolores, visitas al baño… Y aquí viene uno de los pocos consejos que puedo dar y es, estar todo lo tranquilos que podáis porque esas fuerzas luego hacen mucha falta. Como a las 11:00 ya tenía puesta la oxitocina y nos pasaron a una habitación a maridito y a mí, está habitación era compartida y esto, por favor, evitarlo si podéis. Esas horas que se avecinan son muy duras y deberían ser íntimas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Considero que el trato que recibimos no fue el más adecuado, ni el más humano. Estuvimos muchas horas en las que nadie venía, y cuando los llamabas con el botón aparecía con suerte alguien que cuando al exponerle lo que te pasa siempre decía: “Ahora vendrán…”, y nada, no venía nadie. Me pusieron la epidural a primeras horas de la tarde pero no me hizo demasiado efecto, a partir de aquí me bailan mucho las horas porque se hacen eternas y allí, aislados del mundo (no dejan que te levantes, pasees por el pasillo…etc) pierdes un poco la noción del tiempo. Finalmente, me volvieron a poner una dosis mayor de epidural que me dejo toda la noche en un estado muy extraño, como si estuviera algo “colocada”. Tuve claro una cosa, en este estado no daría a luz, me habían administrado lo que yo considero “un chute” para pasar la noche y “molestar” lo menos posible. Se llevaron a mi compañera a paritorio y por la noche cuando por fin pensábamos que descansaríamos un poco en soledad, llego otra embarazada de estas que como en las películas dilata sola y a la velocidad de la luz (en mi situación reconozco que me sentó hasta mal que, a otra le resultara tan fácil. Ahora me alegro por ella).

 

IMG_2226

 

A las 8:00 am, cuando pasaron 5 min del cambio de turno (¿Casualidad? Lo dudo mucho) entraron en la habitación y nos dijeron que debido a que la cosa no avanzaba me tenían que hacer una cesárea. Es curioso que supieran que la cosa no avanzaba sin mirar ni revisarme nada, pero bueno, yo en el fondo me relaje pensando que todo eso iba acabar ya. La chica añadió: “En 10 o 15 minutos vendrán a prepararte”. Fueron pasando minutos y minutos, finalmente pregunte y me dijeron que había llegado una chica que estaba “peor que yo”. Cuando escuché a un bebé llorar dije: “Cariño, ya somos los siguientes”, ilusos nosotros, cuando se lo comenté a la enfermera me dijo que no, que el paritorio volvía estar ocupado. ¡Que desesperación! Estábamos agotados, más de 24 horas allí y de 48 sin dormir, y encima mi madre que no reside donde nosotros paso la noche en una silla del pasillo (muy cabezona porque yo le dije que no viniera hasta la mañana siguiente). A las 10 y pico, por fin, me tocaba a mí. Y además de prepararme (depilación y demás), me contaron de que iba aquello. Llamarme ilusa, inconsciente o desinformada, pero realmente no tenía ni idea de como se llevaban a cabo las cesáreas y cuales eran sus protocolos. Y ahí, exploté.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando me comunicaron que tenía que entrar sola en quirófano sin maridito, que nada más podría ver a mi bebé un momento y que luego tendría que estar dos horas más en una sala llamada “el despertar” (que me sonó muy a secta, luego me he dado cuenta que es del conocimiento de la mayoría, pero es que yo jamás me he tenido que poner ni un punto hasta ese momento) yo sola, o en su defecto, con otros enfermos despertando todos juntos allí, entré en crisis. LLoraba y lloraba sin remedio, siempre había imaginado el momento que conociéramos juntos al bebé nada más nacer, a su papi cogiendo mi mano y luego cortando el cordón. Estar con mis chicos, ver a mi madre que llevaba muchas horas a pocos metros pero sin poder saludarla siquiera… Necesitaba todo eso, y me desmoroné mucho. El personal volvió a no estar a la altura, y me recriminaron que por mí no se podían saltar los protocolos y cambiarlo todo. ¿Acaso yo lo había pedido? Es más, ni me quejé. Solamente me emocioné después de día y pico allí, cansada, nerviosa y con ganas de aquello acabara. Me prepararon y llevaron a quirófano donde si encontré alguna “mano amiga” entre el personal. Al ratito y después de una gran presión en el estómago, escuche un sonido que no olvidaré mientras viva (ahora mismo, me acabo de emocionar y eso que llevo todo el post cabreada). El llanto de mi bebé, fuerte, impetuoso y lleno de energía (las enfermeras se sorprendieron de lo fuerte que lloraba) y les dije: “¿Es normal?” y me respondieron: “Eso es buenísimo”. Por encima de la tela con la que no puedes ver nada y sin avisar me dijo una: “Aquí lo tienes” y lo asomó, pero fueron como 2 segundos y la verdad es que no pude ver nada. Lo tuvieron como 10 o 15 minutos en una sala contigua donde no paré de escucharlo llorar, mientras a mi me seguían practicando la intervención (vaya yo no veía pero supongo que drenando y cerrando aquello), y por fin, me lo trajeron a mi pecho.

 

 

La verdad es que no lo pude ver bien porque estaba envuelto y además, noté una presión mayor y pedí que me lo quitaran. Necesitaba vomitar y ya no me lo dieron más. Baby Peter nació a las 11:00 am del 28 de Enero del 2017 y pesó 3435 gr y 50 cm. Se lo llevaron a una sala donde lo esperaba su papi, y si algo positivo saco de todo esto es lo que pudieron vivir ellos. Mis chicos practicaron el piel con piel, pudieron conocerse y crear un vínculo muy especial que, os aseguro, a día de hoy siguen teniendo y disfrutando. Cuando llevaban mi camilla hacia la temida sala en la que me tenía que recuperar, me dieron la sorpresa de verlos unos segundos en el pasillo. Si hay algo que me caracteriza, para bien o para mal, es que soy muy cabezona. Pregunte: “¿Yo cuanto tengo que estar aquí?”, y me dijeron que hasta que se me pasara la anestesia, pudiera moverme e incorporarme. Y les dije: “Osea, si lo hago antes, no tengo porque estar dos horas… ¿No?” (Me respondieron con un gesto con la cabeza y un “tú duerme y descansa”). Y como si de la escena de Kill Bill se tratara me puse a mover la piernas y super rápido, a incorporarme con una cara de “veeeees, estoy perfectamente”(el Oscar es paraaaaa… Sara Sotos, porque estaba echa un pisto). Así que cuando vino mi doctora a preguntar por mi estado a la enfermera, esta no pudo más que decir: “¿Sara? Sara se quiere ir andando desde que llego”. Y con fuerza mental y muchas ganas conseguí que las dos horas quedarán reducidas a menos de una.

 

IMG_4037

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al subir a planta, una vez estuvimos los tres juntos, todo encajó. Estamos hechos los tres, el uno para los otros dos, y así es perfecto. Es el momento de acordarme de alguien, un miembro de nuestra pequeña familia que en ese momento no nos podía acompañar y que, hoy por hoy, no podrá hacerlo fisicamente nunca más. La pieza del puzzle que faltaba para cerrar el círculo era nuestro gato Fells (Fellini). Un par de meses antes de nacer bebé le detectaron un tumor muy malito, y el 14 de Febrero nos dejó. Pudo conocer a su hermano, pero fueron dos semanas en las que yo me estaba recuperando y el bebé era muy pequeño. Todo mi embarazo soñaba con la relación que tendrían y lo positivo que sería para Baby Peter tener a Fells en su vida, no pudo ser y nos pone muy triste pensarlo. Quería tener esta mención con el que, estoy segura, ha sido y será el mejor gato, buen amigo y compañero que tendremos. Te queremos gatito bebé.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y hasta aquí, un post algo más extenso de lo normal e intenso también. Espero que mi experiencia pueda servir a otras personas, a mí recordarlo me ha llevado por un carrusel emocional un poco duro.

Un saludo y, ¡Feliz fin de semana!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *